lunes, 7 de noviembre de 2016

Discernir desde la Conciencia o desde la objeción de la conciencia
Primera Entrega
El sufragio es un derecho, el votar es un ejercicio basado en la libertad de conciencia y también en la objeción de conciencia. Lo que deseo con estas cuatro palabras querido lector es poner a tu acceso algunos elementos que desde la enseñanza social de la Iglesia Católica son válidos a considerar para este proceso del 6 noviembre próximo. Bien aclara el obispo auxiliar que no es lo mismo decir “votar en conciencia” sino “decidir desde la conciencia si votar o no votar”.
Votar en conciencia esto es no más que ejercer el voto por una casilla que es de tu simpatía, no hay un ejercicio serio de discernimiento, de análisis, de ponderación, de escrutinio y contraponer propuestas o otras, es decir saber que iré a votar porque es un acto consciente como por ejemplo apagar la luz es un acto consciente.  Votar desde la Conciencia es más que un ejercicio o un acto consciente, sino una responsabilidad de ponderación a valores absolutos que a actos pasajeros. Es dar supremacía a los valores humanos que a los aspectos económicos, políticos e inclusive materiales. Los valores son INMUTABLES en cambio los candidatos son pasajeros, mutables, y permeables inclusive. En esta pequeña reflexión podre a tu disposición siete temas a considerar en tu discernimiento.
Primero: El principio de la dignidad y la vida. La dignidad es el principio fundamental de la persona humana, ser refiere a algo inherente a su ser, lo obtiene por el hecho de ser persona humana, nadie lo puede otorgar nacemos con el. Esto implica reconocer, proteger, promover, alentar, patrocinar, fomentar el respeto a la persona en cualquier condición económica, social, política, religiosa, sexo, o de creencia. Y por ende ese candidato debe respetar esa condición de legalidad a tu dignidad, no infringiendo sobre los ciudadanos amenazas, chantajes, tortura, aislamiento, sometimiento, alienación, y todo aquello que rebaje el principio de la dignidad. Se debe garantizar en su propuesta partidaria el derecho a la vida como la base principal para el reconocimiento de otros derechos.
Segundo. Principio de la vocación a la familia, comunidad y participación.  Todos venimos de una familia. Pero al parecer se ha destruido en Nicaragua el concepto de familia, y ahora se pretende confundir que todo es familia. ¿Cuál es el tipo de familia que el candidato desea construir en Nicaragua, la que se junta 3 años y luego cambia de pareja, la que solo es formada por un papa e hijos, o la que se divorcian y se casan más de dos veces?. Propone leyes para unir a los cónyuges o para facilitar su desvinculación matrimonial. ¿Promueve el matrimonio o se promueve la juntadera?  El debilitar el concepto y la institución familiar se debilita el engranaje social, donde se propicia la manipulación y control del Estado sobre la familia. Sociedad desarticulada menos ciudadanos participativos en la vida política de un país.
Tercero. Derechos y Deberes La tradición católica enseña que se puede proteger la dignidad humana y se puede establecer una comunidad saludable solo si se respetan los derechos humanos y se cumple con los deberes. Por lo tanto, toda persona tiene un derecho fundamental a la vida y un derecho a todo lo necesario para vivir con decencia. A la par de esos derechos, hay también deberes y responsabilidades de unos a otros, hacia nuestras familias y hacia la sociedad en general. ¿Que hara o no hizo tu candidato por esto?
Cuarto. Opción por los menos protegidos e indefensos. Nuestra tradición católica nos recuerda en el pasaje de Mt,25. 31-46 sobre el juicio final y nos enseña a preocuparnos por los indefensos y más pobres, recordar siempre si el candidato pone en práctica las obras de misericordia, dar posada al extranjero, etc.
Quinta: Dignidad del trabajo y defensa de los derechos de los trabajadores. La economía del país debe servir al pueblo no el pueblo a la economía, el crecimiento debe bajar a la clase más pobre. El candidato ha hecho algo por esto, que propuesta trae para bajar la desigualdad social del país? O te ofrece trabajo pero sin dignidad? Prevalece en tu candidato una propuesta que favorezca más a la clase económica alta que a la menos favorecida?. Tienes garantizado tu presupuesto familiar con tal o cual candidato?


Segunda entrega
Sexta. Amar al prójimo que se transforma en solidaridad. EI Papa Pablo VI nos dijo: “Si quieres paz, trabaja por la justicia” (Mensaje para la celebración de la V Jornada Mundial por la paz, 1972). El Evangelio nos llama a ser pacificadores. Nuestro amor por todos los hermanos y hermanas exige que fomentemos la paz en un mundo rodeado de violencia y conflicto. Tu candidato es incluyente, escucha, da espacios a los demás, los ve como hermanos o como enemigos?  ¿Tu candidato es justo o se ha caracterizado por cometer injusticias? - Tu candidato dialoga, busca encontrar a su hermano, al otro ciudadano?
Séptima. El cuido de la Naturaleza. El papa Francisco nos dio un llamado fuerte a toda la raza humana a través de su exhortación LAUDATOS SI, y es referente a la responsabilidad de todos frente al medio ambiente. ¿Qué ofrece tu candidato para evitar el calentamiento global o mejorar el medio ambiente?. O por el contrario es facilitador, encubridor o despreocupado por el medio ambiente? Que hará con Bosawas, que hará por Indio Maíz, - ¿qué hará por detener el despale de empresas radicadas en Nicaragua?- ¿Cuál es su propuesta para el uso del plástico en Nicaragua y el tema de la basura?
Considerando estos temas, y su debida reflexión, es claro que no son todos pero al menos los más cercanos a los básicos, y puede suceder que me encuentre en la situación en que no haya condiciones mínimas para garantizar la libertad de conciencia, o que las condiciones o propuesta violenta mi conciencia. Ante una inminente violación a mi libertad de conciencia no queda más que ejercer la Objeción de conciencia. La objeción de conciencia es la libertad que tiene el individuo de objetar una norma, ley, regla, mandato, proceso, acto, que viola mis principios éticos, morales, cristianos, que violenta mis principios humanos y el único mecanismo legal que se puede ejercer ante la violación a la conciencia es la objeción. Ya entonces no implica el votar en conciencia, sino desde mi conciencia ponderar si el votar garantiza mi libertad plena, o el no votar como un acto de objeción. Es ponderar si el proceso violenta mi conciencia y si su respuesta es positiva usted tendrá el derecho de ejercer la objeción a su conciencia, garantizado en el arto 29 de la Constitución. No hay mayor libertad que la conciencia, pero esta conciencia se educa.  Dios salve a Nicaragua.


domingo, 4 de octubre de 2015

GÉNERO, VIOLENCIA  Y MEDIO AMBIENTE.
 “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social… el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta”. LAUDATOS SI. Nº 48.

martes, 1 de septiembre de 2015

CONGRESO DE FAMILIA, desafío de todos!!

Buen dia, si quieres mejorar la armonia de tu familia, visita pagina y busca la informacion sobre el VII Congreso sobre Familia.

Un reto y desafio para todos!!!  ingresa a www.catedrajuridica.wordpress.com

ESTE 6 DE SEPTIEMBRE.

martes, 28 de abril de 2015


Estudio interesante sobre homosexualidad.

Factores causantes de la homosexualidad y curación. Los orígenes de las inclinaciones y los comportamientos homosexuales
Por Richard Fitzgibbons, M.D.
Introducción
En mi experiencia clínica de los últimos 20 años, he sido testigo de la curación del dolor emocional que causaba la homosexualidad en varios cientos de hombres y mujeres. Su proceso de curación ocurrió, primero, a través de una psicoterapia que identificaba los orígenes de sus conflictos, y luego, por medio del perdón.
Los orígenes de la homosexualidad
Los conflictos más comunes que predisponen a las personas hacia la homosexualidad son:
  1. la soledad y la tristeza,
  2. profundos sentimientos de ser inadecuado y la falta de autoaceptación,
  3. la desconfianza y el miedo,
  4. el narcicismo,
  5. el excesivo sentido de responsabilidad,
  6. el maltrato sexual en la niñez y
  7. el enfado excesivo.
Durante los períodos de tensión, estas dificultades internas se activan. Entonces pueden surgir fuertes tentaciones homosexuales en un intento por encontrar alivio o un escape al dolor emocional inconsciente. Esta dinámica de dolor emocional que puede llevar a la homosexualidad rara vez se manifiesta durante la infancia, pero normalmente se revela al principio de la adolescencia.
Veamos a continuación con más detalle cada uno de estos factores causantes de la homosexualidad que hemos mencionado:
1. Soledad y tristeza
En el pasado, la causa que con más frecuencia se veía de la tristeza que conduce a la homosexualidad en los muchachos era el rechazo, durante la infancia y la adolescencia, por parte de sus compañeros, con motivo de sus limitadas aptitudes atléticas. En más del 70% de los varones homosexuales que he tratado, el mayor problema que se identifica en la fase de entendimiento del tratamiento es una débil identidad masculina. Esta inseguridad es, la mayoría de las veces, el resultado de un continuo rechazo de compañeros y ocasionalmente del padre por causa de las limitaciones atléticas. Sin embargo, por razón de lo que se verá a continuación, trataremos esta causa un poco más adelante.
La segunda herida más común es la de un padre emocionalmente distante, insensible y poco animador. Mientras que generalmente hay poca resistencia a la hora de reconocer la herida de los deportes, muchos hombres tienen una gran dificultad en admitir cuánto han echado de menos emocionalmente a sus padres y lo muy heridos que se han sentido cuando esas necesidades no fueron satisfechas. Tal resistencia se puede superar en parte si el terapista comparte sus propias luchas a la hora de afrontar las decepciones que tuvo con su padre.
Mientras que muchos hombres no han recibido el ánimo y afecto físico de sus padres, y nunca han desarrollado inclinaciones homosexuales, los particularmente vulnerables son aquellos que, a causa de limitadas actitudes atléticas, tampoco fueron aceptados por sus compañeros.
Más recientemente, el fracaso matrimonial y familiar, con casi un 45% de niños y adolescentes que viven separados de sus padres, ha producido serios problemas de tristeza y soledad en la juventud, caracterizados muchos de ellos como "huérfanos con padres vivos".
Estas dos áreas de trauma emocional no están siendo identificadas en muchos varones porque los terapistas no reconocen la poderosa influencia de los deportes y la relación con el padre en la formación de la identidad masculina. Por diversas razones ninguno de estos temas tan importantes aparecen en los escritos de psicología.
Cuando no se satisface la necesidad de cariño, aprobación, afecto físico y ánimo de un padre, se desarrolla un vacío interior comúnmente llamado "hambre de padre". En un intento por superar este dolor, algunos adolescentes y jóvenes adultos buscan el confort de ser abrazados por otro hombre. En mi experiencia clínica he observado que mientras más temprano es el abandono paterno, mayor es la posibilidad de que se desarrollen tentaciones homosexuales.
La desconfianza hacia las personas del sexo opuesto es otra causa común de la homosexualidad. A menudo, esto es el resultado de las heridas en la infancia y en la adolescencia de un padre excesivamente controlador, dependiente, intensamente egoísta, emocionalmente distante o manipulador, ausente, adicto o que no funcionaba como padre/madre. También, un trauma de adulto puede resultar en un gran miedo a ser herido por las personas del sexo opuesto.
También, en algunos chicos especialmente sensibles, un continuo maltrato por parte de sus hermanos mayores produce una soledad interior que puede llevarlos a sentir inclinaciones homosexuales.
La falta de cariño, afecto y ánimo de una madre también puede producir un vacío y una terrible tristeza. Algunas chicas intentan llenar ese vacío del amor materno dulce y consolador por medio del comportamiento homosexual. Esta "soledad sin madre" no se observa tan a menudo como la "soledad sin padre", porque las madres generalmente tienen mucha más libertad a la hora de comunicar su amor y su ánimo a los hijos que la que tienen los padres.
En la fase de entendimiento, las mujeres identifican las heridas más comunes que surgen y las predisponen a la homosexualidad como la desconfianza hacia un amor masculino causado por un trauma que tuvieron con un padre o con otros hombres y por una falta de afirmación por parte de sus madres. A diferencia de los hombres, el rechazo por parte de sus compañeras en la infancia y en la adolescencia rara vez causa la homosexualidad femenina.
Sue era la más joven de tres hijos, y tenía cuatro años cuando su madre los dejó. Vio a su madre intermitentemente durante su infancia, pero nunca sintió intimidad con ella. Sue salió con muchachos varias veces en el Instituto, pero cuando tenía alrededor de 20 años se involucró en relaciones homosexuales. Comenzó a tratarse con psicoterapia para resolver la tristeza y el enfado que sentía hacia su madre. Conforme su entendimiento del problema crecía, se dio cuenta de que ninguno de los chicos con los que había salido podía proporcionarle el afecto que la niña pequeña en su interior ansiaba de su madre. Durante un tiempo el afecto de sus novias le consolaba. Sin embargo, estas relaciones no la satisfacían tampoco. Poco a poco Sue vio que la niña pequeña que llevaba dentro necesitaba curarse del dolor de esa "soledad sin madre" antes de que pudiera tener una relación adulta de amor estable y sin relaciones sexuales fuera del matrimonio.
Algunos adultos que se sienten muy frustrados y solos porque todavía no han encontrado la persona correcta para casarse caen en un comportamiento homosexual en su intento de aliviar esa soledad. Algunas personas casadas cometen actos homosexuales como resultado de la tensión y soledad en su matrimonio. También, la tristeza y la soledad que se siente después de un serio fracaso matrimonial puede resultar en una conducta homosexual, porque estas personas tienen miedo de volverse vulnerables ante alguien del sexo opuesto. En mi trabajo he visto este tipo de conducta ocurrir más frecuentemente en las mujeres.
Como la soledad es una de las experiencias más dolorosas de la vida, se gastan enormes cantidades de energía inconscientemente en un intento de negar la presencia de ese dolor tan debilitante. Como resultado, muchas personas ni siquiera saben que están luchando contra esa profunda herida emocional. Frecuentemente tienen miedo de afrontarla, en parte porque no creen que se pueda curar. Ninguna cantidad de amor de otros adultos puede compensar lo que no se recibió de su padre, madre, hermanos y amigos de la infancia o adolescencia. Muchos hombres y mujeres con estas dolorosas heridas emocionales de soledad y tristeza prefieren creer que son homosexuales para no enfrentarse con su terrible situación interior.
El fracaso de cualquier relación adulta, a la hora de llenar el vacío de la soledad infantil y adolescente, es la mayor causa de la extraordinaria promiscuidad en el estilo de vida homosexual, y por eso algunos estudios arrojan un promedio de 60 compañeros/as sexuales al año. Inconscientemente, estas personas no buscan un compromiso estable, porque sienten que ningún adulto puede satisfacer al niño y adolescente interior. Tal proceder compulsivo, patológico y peligroso para la salud apoya la idea de que la homosexualidad es un serio desorden emocional, mental y conductual.
Por supuesto, los conflictos de soledad y tristeza se pueden manifestar de muchas formas aparte de un comportamiento sexual, como, por ejemplo, las actuaciones infantiles de dependencia, una constante necesidad de atención y afecto, una excesiva fantasía sexual, masturbación compulsiva, atracción hacia los adolescentes, dependencia en la pornografía, comportamiento narcisista, agotamiento y síntomas de depresión.
2. Profundos sentimientos de ser inadecuado y falta de autoaceptación
La homosexualidad también puede ser el resultado de fuertes sentimientos de inseguridad. La desconfianza en sí mismo se suscita por el rechazo de padres, compañeros, hermanos u otras personas significativas en las cuales se ha depositado la confianza. En un intento inconsciente de deshacer una historia de rechazos, la persona busca reafirmarse y ser aceptado por miembros del mismo sexo. En mi experiencia clínica este doloroso conflicto emocional se observa mucho más frecuentemente en hombres que en mujeres.
La autoestima se basa principalmente en la aceptación de un modelo de conducta en la primera infancia, el niño de su padre y la niña de su madre. Todo niño pequeño añora recibir la aceptación, al apoyo y el ánimo de su padre, de esta forma establece un sentido positivo y un grado de bienestar consigo mismo. Aunque el amor de una madre es esencial para los niños, no es tan importante como el amor y la afirmación del padre para la formación de una sana identidad masculina. La falta de reacciones positivas de un padre produce una seria debilidad en la imagen masculina y una falta de autoaceptación. Muchos de los que sufren inclinaciones homosexuales crecieron de niños pensando que nunca podrían agradar a sus padres.
Los hermanos mayores también juegan un papel importante en la formación de una positiva identidad masculina en la infancia. Los rechazos en estas relaciones pueden producir un serio debilitamiento de la autoestima masculina.
Sin embargo, las desilusiones más comunes de la vida infantil que producen inclinaciones homosexuales son el resultado de los rechazos por parte de amigos a causa de una deficiente coordinación psicomotriz y atlética. Esta es una limitación especialmente dura de tener en una cultura obsesionada hasta tal punto con el éxito deportivo que se llega a considerar ese éxito como el indicador principal de la masculinidad. Los niños que no son buenos atletas son a menudo víctimas del rechazo y del ridículo. Frecuentemente les dan apelativos femeninos y les llegan a decir que corren o juegan como una niña. A medida que estos rechazos continúan año tras año, estos chicos se sienten cada vez más inadecuados, confusos, solos y débiles. El maltrato de los compañeros produce en ellos una imagen muy deficiente de su cuerpo y de su masculinidad. La angustia de estos chicos puede llegar a ser tan dañina que puede hasta anular los beneficios psicológicos de una positiva relación con su padre. Para muchos de estos chicos, las inclinaciones homosexuales comienzan en el sexto o séptimo grado. La inclinación es siempre hacia adolescentes fuertes y atléticos.
En los 50 y 60, se realizó un estudio en Nueva York de 500 varones que se consideraban homosexuales. El estudio reveló que más del 90% de ellos tenía problemas de coordinación atlética y que de pequeños fueron objeto de humillación por parte de sus compañeros. Muchos contaron que no sólo se sentían fracasados como varones porque no eran buenos en el deporte o porque no les gustaba, sino que también sentían que desilusionaban a sus padres, quienes -- en su opinión -- esperaban que fueran buenos atletas. La falta de interés por los deportes interfería en la relación y unión íntima entre padre e hijo.
La necesidad de ser aceptado por otros varones es esencial para el desarrollo de una positiva identidad masculina y es anterior al nivel de desarrollo adolescente. Si la autoaceptación no ocurre por medio de la afirmación de otros compañeros, raramente podrá un muchacho sentirse atraído hacia las muchachas.
Lou era un estudiante universitario muy bueno. Sin embargo su inclinaciones homosexuales comenzaron cuando tenía 13 años, no tenía la menor idea de la influencia que había ejercido sobre él el constante rechazo que había sufrido por parte de sus compañeros durante la infancia y la adolescencia. Sus compañeros a menudo le ponían apodos femeninos porque, según ellos, lanzaba la pelota como una niña. Durante varios años Lou intentó vivir como un homosexual. Más tarde, buscó ayuda psicológica porque sentía repugnancia hacia muchos aspectos de ese estilo de vida, especialmente hacia la promiscuidad tan extrema y el abuso de sustancias.
Hace varios años, en la conferencia nacional del grupo Courage ("Coraje") -- grupo que ofrece ayuda para las personas homosexuales para que vivan castamente -- pude confirmar la influencia que tienen los rechazos de los compañeros en el desarrollo de los deseos homosexuales. Después de una charla sobre los orígenes de la homosexualidad y sobre la curación de la soledad y el enojo en aquellos que estaban afectados por este desorden, toda la hora siguiente la ocuparon las historias personales de hombres cuyas identidades masculinas fueron heridas y los diferentes tipos de comportamientos sexuales relacionados con el rechazo durante la infancia y la adolescencia por causa de la falta de habilidad deportiva. Estos hombres compartieron con la audiencia que los rechazos de sus compañeros jugaron un papel mucho más importante en el desarrollo de sus impulsos homosexuales que las heridas causadas por una mala relación con sus padres.
Los conflictos básicos de una baja autestima se manifiestan de diferentes maneras en los varones que tienen inclinaciones homosexuales. Entre estos conflictos se encuentran: una atracción obsesiva hacia hombres atléticos y musculosos; una necesidad excesiva de actuar de forma agresiva; una necesidad compulsiva de aumentar la musculatura; y un profundo sentimiento de no ser amados.
3. Desconfianza y miedo
Otro factor importante en el desarrollo de la homosexualidad es el miedo a ser vulnerable en las relaciones heterosexuales. Esta incapacidad de sentirse seguro amando a alguien del sexo opuesto es usualmente inconsciente y la mayoría de las veces tiene su origen en experiencias traumáticas en el hogar.
En el caso de los varones, puede ser la consecuencia de haber tenido una madre demasiado controladora, excesivamente dependiente, enfadada y crítica, poco afectiva y fría, narcisista e insensible, muy desconfiada, adicta o enferma.
En el caso de las chicas, el miedo de confiar en cualquier varón en una relación amorosa puede surgir de haber tenido un padre muy enfadadizo, rechazador y distante, insensible hacia su madre, abusivo, duro, egoísta, adicto o falto de afecto. Actualmente, el abandono de un padre a causa del divorcio es una de las mayores fuentes de desconfianza que muchas chicas experimentan hacia los chicos. Estas chicas desarrollan una fobia inconsciente de ser heridas como vieron que lo fueron sus madres. Como resultado, durante un tiempo se sienten seguras sólo con el amor consolador de otra mujer.
Diane era una joven arquitecta cuyo padre era un enojado alcohólico. Había presenciado durante años el maltrato físico y psicológico que su padre le había infligido a su madre. En los comienzos de su adolescencia, a Diane le atraían los chicos e incluso salió con ellos. Pero en la universidad se encontró mucho más a gusto con otras chicas y acabó por darse cuenta de que tenía mucho miedo de ser herida como su madre, si se comprometía con un hombre. A Diane no le satisfacían sus relaciones homosexuales. Durante la terapia, reconoció que su padre controlaba sus relaciones con los muchachos y decidió actuar resueltamente para romper ese dominio paterno sobre sus relaciones de amistad con los hombres.
La madre de Pete era una mujer muy sarcástica que había tenido un padre alcohólico. Rara vez Pete vio a su madre mostrar afecto hacia el padre de él, al contrario, a menudo lo criticaba mucho. Pete acabó por entender que la necesidad compulsiva de su madre de controlar las cosas en casa venía del miedo que ella había experimentado en su propia familia como resultado del caos que acompañaba a un padre bebedor. Pero para Pete el control de su madre era asfixiante y, como resultado, hizo lo que pudo para distanciarla. Pero como ella era el fundamento para relacionarse con otras mujeres, Pete no se sentía emocionalmente compatible con las chicas que encontraba atractivas. Temía que si se volvía vulnerable ante ellas, acabarían por ser tan insensibles como lo era su madre con él y con su padre. Sus tentaciones homosexuales se desarrollaron por el miedo a confiar en el amor femenino y, al mismo tiempo, por su necesidad de afecto por parte de alguien en quien pudiera confiar.
La desconfianza también puede desarrollarse como resultado de vivir en una casa con frecuentes conflictos y peleas entre los padres. Como la relación entre los padres es el modelo para un niño/a de lo que es una relación heterosexual, un matrimonio mermado por el constante dolor y conflicto puede llevar a que el hijo o la hija desarrolle un miedo de volverse vulnerable ante las personas del sexo opuesto. Este miedo puede llevar a algunos a caer en una relación homosexual. Una dinámica similar se presenta a veces después de un divorcio, cuando muchos adultos tienen miedo de ser heridos por las personas del sexo opuesto y se retraen en una relación homosexual. La epidemia de divorcios en nuestra cultura actual está causando también un miedo muy grande entre los jóvenes adultos de asumir el compromiso del matrimonio.
La desconfianza y el miedo a un compromiso total, como lo es el matrimonio, son extremadamente comunes en los que sufren inclinaciones homosexuales. La rampante promiscuidad sin fidelidad a nadie de hoy en día es una de las manifestaciones más significativas del miedo al compromiso. Según el Dr. William Foege, director de los Centros para el Control de las Enfermedades o CDC (Centers for Disease Control) de EE.UU., la víctima promedio del SIDA ha tenido 60 compañeros sexuales durante el último año.
El comportamiento sexual compulsivo, muy peligroso para la salud y la vida de un gran porcentaje de homosexuales puede indicar la presencia de un desorden adictivo en estas personas. A pesar de que la categoría diagnóstica específica de adicción sexual no ha sido oficialmente aceptada todavía en el campo de la salud mental, existen programas clínicos en varios lugares de EE.UU. para el tratamiento de las adicciones sexuales y también existe una revista dedicada completamente a este tema.
La adicción sexual se parece al desorden de abuso de sustancias en que las personas que la practican tienen un comportamiento compulsivo y médicamente dañino. Estas personas también se engañan poderosamente a sí mismas en cuanto al serio peligro que su comportamiento entraña para la salud propia y para la de otros. Además, muchos terapistas consideran que la adicción sexual, al igual que otras, es el resultado de numerosos conflictos emocionales.
La opinión clínica de que el comportamiento homosexual tiene mucho de adictivo ha recibido el apoyo de numerosos estudios sobre el homosexualismo y también del hecho de que en años recientes se ha estimado que la mitad de todos los hombres homosexuales de Nueva York portan el virus del SIDA. La naturaleza adictiva de la conducta homosexual también explica por qué las infecciones del virus del SIDA se han cuadriplicado en San Francisco desde 1987.
Además de todo esto, el comportamiento homosexual de muchas personas es frecuentemente precedido del uso del alcohol y de drogas.
4. Narcisismo
El narcisismo o egoísmo es otro factor principal de la homosexualidad. El narcisismo tiene varios aspectos atrayentes, como el no tener que comprometerse con otra persona en el matrimonio o no tener que darse completamente como padre. El narcisista quiere permanecer infantilmente con obligaciones mínimas en sus relaciones interpersonales y con pocas limitaciones en la búsqueda del placer. El hedonismo caracteriza a muchos de los que practican la homosexualidad.
Otra seria manifestación del narcisismo en la homosexualidad es el albergar pensamientos de grandeza. Esos pensamientos hacen que la persona se crea muy superior a los demás y que es tan especial y tan excepcional que se cree incluso inmune al virus del SIDA. Todo esto explica por qué muchos homosexuales viven un modo de vida muy peligroso para la salud y para la vida.
Anthony era un joven extremadamente egoísta, y en eso se parecía mucho a su madre. Durante su niñez se sintió privado de apoyo material y emocional, porque su madre gastaba la mayoría de los modestos ingresos de la familia en ella misma. Recordaba, por ejemplo, sentirse avergonzado de la ropa que usaba de pequeño. Como reacción a esas privaciones, pensaba que la vida le debía mucho. Su mundo llegó a estar completamente centrado en sí mismo. Creía que podía usar a la gente para satisfacer su constante deseo de placer y no sentía ningún serio remordimiento por el hecho de tener relaciones homosexuales con un promedio de 60 a 100 compañeros al año.
5. Intentos de evadir un excesivo sentido de responsabilidad
Algunos intentan escapar de excesivas presiones y cargas practicando la homosexualidad, en la cual no hay compromiso, obligaciones ni responsabilidad. Hay hombres casados que a veces luchan contra una intensa inseguridad después de experimentar la tensión que le causa un jefe negativo, una falta de éxito profesional o una ansiedad arrolladora por cuestiones financieras. Entonces empiezan a ver a sus esposas e hijos como cargas y dificultades. Practican la homosexualidad en un intento de evadir la tensión y de sentirse más amados y especiales. Las ideas perfeccionistas llevan a sentir una responsabilidad excesiva. Este conflicto interfiere con la capacidad de estar tranquilo y de recibir el don del amor que viene de la familia y de los amigos.
Jim era un hombre agradable, estaba casado y tenía dos hijos. Disfrutaba de su trabajo; sin embargo, éste era muy exigente y lleno de presiones. Su esposa Jean también tenía una carrera ocupada y llena de tensión. Por las tardes, además de atender a sus hijos, los dos les dedicaban tiempo a sus respectivas carreras. Como resultado, pasaban poco tiempo juntos. Bajo esta tensión Jim empezó a visitar librerías pornográficas cerca de su trabajo y allí se involucró en el homosexualismo. Luego se sentía muy culpable por haber traicionado a su esposa y a sus hijos.
Cuando un marido está emocionalmente distante o ausente de su familia, la esposa puede sentir una intensa soledad y, como resultado, empieza a depender emocionalmente de un hijo. A menudo hablará con él cosas y preocupaciones que normalmente compartiría con su esposo. Mientras que la mayoría de los jóvenes disfruta a nivel consciente de esta relación con sus madres, inconscientemente empiezan a preocuparse excesivamente y a sentirse demasiado responsables por ellas. Posteriormente pueden desarrollar inconscientemente una visión del amor femenino como una carga agotadora.
Ralph era el mayor de tres hijos y creció en un hogar en el que su padre tenía una gran dificultad en expresarle amor a su familia. La necesidad de su padre de distanciarse de los demás era a su vez el resultado del alcoholismo de sus padres. Las heridas en la infancia de este hombre le hacían incapaz de darse a los demás porque se sentía inseguro e intranquilo al relacionarse interpersonalmente en términos de amor y cariño. A consecuencia de esto, la madre de Ralph era muy infeliz y se divorció cuando Ralph tenía 12 años. Ralph recordaba sentirse el hombrecito de la casa después del divorcio de sus padres. Sentía que tenía que hacerse responsable de su madre y de sus hermanos menores. Cuando Ralph tenía 13 años le gustó mucho una chica de su clase. Pero se sentía confundido porque no sentía atracción física hacia ella. Continuó confuso por esto y, aunque no quería sentirse atraído hacia los hombres, experimentó sus primeros deseos homosexuales cuando tenía 15 años. Ralph comenzó la terapia cuando tenía 25 años. Nunca había practicado la homosexualidad y esperaba poder superar sus tentaciones homosexuales y casarse algún día. Al principio del tratamiento, Ralph se dio cuenta de que se había sentido excesivamente responsable por la felicidad de su madre durante muchos años y que esto había constituido para él una gran carga. Esa presión le había causado un miedo inconsciente de entrar en una relación profunda con una chica. Bajo la presión de estos conflictos, las relaciones homosexuales le parecían atrayentes por estar libres de excesiva responsabilidad. Su mayor conocimiento de sus miedos a un compromiso de amor con una mujer le liberaron y le llenaron de esperanza para el futuro.
6. Trauma sexual en la infancia
Un buen número de varones que fueron violados o maltratados sexualmente en su infancia desarrollan una confusión con respecto a su identidad masculina. Al igual que otras víctimas de violación, piensan que de alguna manera causaron el abuso. Durante la adolescencia, su relación con las muchachas está mermada por la vergüenza y por la creencia de que ninguna chica podría amarles si conociera sus experiencias sexuales.
7. Enfado excesivo
El tipo de enfado que más induce la homosexualidad es el enfado consigo mismo. Como resultado de un continuo rechazo por parte de sus compañeros, muchos niños adquieren un intenso disgusto hacia sus propios cuerpos – piensan que éstos son débiles, poco atractivos y poco masculinos. Se sienten tan incómodos con su físico que pasan muchísimo tiempo fantasiando sobre cómo escapar de su cuerpo y entrar en el cuerpo de otro. Esta ilusión enfermiza puede empezar cuando son jóvenes e inducir una fuerte atracción física hacia otros del mismo sexo.
La experiencia de ser sostenido y abrazado por alguien del mismo sexo puede disminuir el sentido de autorrechazo durante algún tiempo. Sin embargo, la incomodidad o el disgusto hacia el propio cuerpo persiste, a pesar de la afirmación, afecto o actividad homosexual. Esto ocurre porque el afecto en la adolescencia o después de ella no puede deshacer el odio hacia uno mismo que se ha experimentado en la infancia y en la adolescencia.
En muchos homosexuales, la conducta autodestructiva, peligrosa, adictiva y sadomasoquista nace de un intenso disgusto hacia uno mismo. El enfado consigo mismo también puede llevar al varón a vestirse como una mujer. Finalmente, el colmo de la aversión hacia uno mismo y hacia el propio cuerpo se puede observar en aquellos que se someten a cirugía para cambiar de sexo.
Paul era sensible y muy tímido debido a su pequeña estatura. Aunque no se sentía directamente rechazado por sus compañeros, se sentía débil e inadecuado. Como no era físicamente fuerte, pensaba que no podía practicar ningún deporte. A medida que aumentaba en él el sentimiento de auto-aislamiento de sus compañeros, también aumentaba el disgusto hacia su propio cuerpo. Le preocupaba mucho su apariencia física y nunca se sentía cómodo quitándose la camisa en el vestuario de la escuela o en la piscina en el verano. Antes de su adolescencia, Paul empezó a obsesionarse con los cuerpos bien formados de sus amigos. A este pensamiento obsesivo le siguieron fuertes sentimientos de atracción hacia esos muchachos y luego deseos homosexuales. Cuando comenzó a practicar la homosexualidad en la universidad, usualmente se imaginaba que asumía el cuerpo de sus compañeros homosexuales y que se despertaba con un físico diferente. Sus primeros encuentros homosexuales le produjeron un sentimiento muy superficial de sentirse especial y de ser amado, pero no le daban una mayor auto-aceptación. De hecho, a medida que caía en la promiscuidad se sentía cada vez más incómodo consigo mismo, entonces decidió empezar a recibir terapia.
En un grupo reducido de personas, la homosexualidad se origina en una "necesidad" de rebelarse fuertemente contra sus padres, su familia, sus compañeros, la cultura. La conducta homosexual que es inducida por el enfado se observa en aquellos cuyos padres del sexo opuesto eran extremadamente controladores, emocionalmente insensibles, físicamente abusivos o profundamente narcisistas.
Al igual que a otra gente enfadada, esa rebelión les produce cierto placer. A algunos de ellos les encanta que sus madres sepan cómo su estilo de vida es el rechazo extremo de un amor femenino o (en el caso de las lesbianas) como sus padres comprueban que no sienten necesidad del amor masculino. El enfado excesivo también se manifiesta en otros aspectos de la vida homosexual. El más notable es el enfado agresivo-pasivo, que consiste en un silencioso desahogo de hostilidad mientras se pretende no estar enfadado y se manifiesta en no informar al compañero sexual de que se es portador del virus que causa del SIDA. Estas personas a menudo sienten que porque ellos tienen que sufrir, otros también deben hacerlo. Por último, se observa también un intenso enojo en los homosexuales dentro de los medios de comunicación social, en la educación, en la salud o en la política, cuando intentan obligar al resto de la sociedad a que acepte la homosexualidad. A menudo sus métodos consisten en asaltar directamente a la moral, a la familia y a las diferencias básicas entre el hombre y la mujer.
La curación de las atracciones y los comportamientos homosexuales
La curación de la homosexualidad consiste en un proceso de descubrir con compasión las heridas emocionales del pasado, resolver el enojo contra aquellos que las han causado a través de un proceso de perdón, utilizar técnicas de conocimiento y de comportamiento y admitir la impotencia ante el sufrimiento emocional.
Aunque cada uno de estos pasos es importante, en mi experiencia clínica con cientos de adolescentes y jóvenes, la clave de su recuperación ha sido el perdón. Ninguna medida de perspicacia, amor y afirmación de otros adultos, de auto-determinación, de conocimiento o comportamiento pueden resolver las heridas emocionales tan profundamente grabadas que estas personas arrastran. A medida que las heridas emocionales se curan, las inclinaciones y conductas homosexuales disminuyen y con el tiempo desaparecen.
En cuanto al éxito de la psicoterapia en el tratamiento de la homosexualidad, en 1962, Bieber informó que hubo una tasa de curación del 27% basada en el psicoanálisis. Una encuesta reciente de 285 psicoanalistas que trataron a 1.215 pacientes homosexuales arrojó que el 23% cambió hacia la heterosexualidad. Estos enfoques tradicionales de tratamiento no utilizaron un proceso de perdón para resolver el resentimiento interior, la tristeza, la baja autoestima y la desconfianza.
Sin embargo, yo he tenido la experiencia de que cuando el perdón y la espiritualidad son partes esenciales del tratamiento, la tasa de curación de la homosexualidad es cerca del 100%.
1. Entender
Cada vez más varones homosexuales están recibiendo terapia por miedo al SIDA. Al principio, muchos de ellos se resisten a reconocer que tienen heridas emocionales por miedo a afrontar ese dolor debido a la influyente cultura actual que no admite la existencia de conflictos emocionales relacionados con la homosexualidad. Sin embargo, la mayoría de los que buscan un tratamiento están abiertos a la verdad y no se niegan a explorar las decepciones que han sufrido en la vida. Su apertura aumenta si el terapista muestra optimismo y confianza en la curación de las heridas emocionales que han causado la homosexualidad.
La identificación y el entendimiento de los conflictos emocionales en las diferentes etapas de la vida son los primeros pasos en el proceso de recuperación. Las heridas ocurren en su mayoría durante la infancia y la primera parte de la adolescencia y surgen de decepciones con padres, hermanos y compañeros. Este dolor normalmente se niega, pero vuelve a surgir con la máscara de tentaciones homosexuales. Sin embargo, para algunos, las atracciones homosexuales puede que no se manifiesten hasta después de los 20 ó 30 años. En esos casos, algún trauma de la vida adulta suscita inconscientemente los traumas no resueltos de la infancia y la adolescencia.
A medida que el proceso de entendimiento progresa, ocurren una serie de cambios emocionales. Inicialmente, muchos dicen que sienten alivio, felicidad y agradecimiento porque por primera vez han sido capaces de identificar alguna causa de sus actos y tentaciones homosexuales.
El dolor emocional puede intensificarse por un tiempo a medida que la persona recuerda y revive emocionalmente las heridas del pasado. A menudo esta es la primera vez que siente en toda su profundidad el dolor emocional de la tristeza, la inseguridad, la desconfianza y el enfado. Algunos pacientes pueden necesitar el apoyo de medicamentos durante esta fase de la curación.
2. Perdonar
La resolución de un enojo excesivo es esencial para la curación de varios desórdenes emocionales y adictivos, así como para la curación de la homosexualidad. Las dolorosas decepciones durante la infancia y la adolescencia producen un enfado muy fuerte, así como tristeza, desconfianza y baja autoestima. No es posible resolver la soledad, el miedo, el comportamiento compulsivo y la inseguridad sin eliminar primero el pozo de resentimiento relacionado con estas emociones. Los rechazos de la infancia por parte de los amigos y los padres llevan primero a la tristeza y después al enojo. La emoción del enfado actúa entonces a modo de "cápsula" de la tristeza en las diferentes etapas de la vida. Para desalojar la tristeza, la cápsula de enojo tiene que romperse. Y esto sólo se logra por medio del perdón, porque la sola expresión del enfado no libera en realidad a nadie de un resentimiento o amargura interior.
Desafortunadamente, el campo de la salud mental, todavía incipiente, se ha apoyado casi exclusivamente en la expresión del enfado como el principal mecanismo para tratar esta poderosa emoción. Aunque la expresión del enojo es importante a veces, cuando se usa como único alivio para el enfado, tiene, sin embargo, un valor muy limitado, porque unas meras palabras o comportamientos no pueden compensar por el profundo resentimiento y amargura causados por dolorosas relaciones durante la infancia y la adolescencia que se han negado a través del tiempo.
En el pasado, a los que buscaban terapia para curar la homosexualidad rara vez se les invitaba a resolver los sentimientos de hostilidad hacia el padre y los compañeros, ni tampoco se les daba ningún consejo sobre el perdón. El no enfocar ni recomendar un tratamiento efectivo para el enfado que estaba oculto es una razón fundamental del por qué la terapia tradicional no producía más mejorías clínicas significativas.
Después de analizar los rechazos específicos de la infancia, la adolescencia y la vida adulta, se recomienda un ejercicio de perdón para las relaciones de esas épocas de la vida. Al principio del tratamiento y regularmente durante el mismo, se les informa a los pacientes que sin la resolución del enfado relacionado con las heridas del pasado es improbable que terminen sus tentaciones o comportamientos homosexuales.
A los pacientes se les da la opción de perdonar en tres niveles: el cognitivo, en el cual se toma la decisión de perdonar aunque el individuo no sienta ganas de hacerlo; el emocional, en el cual se llega a comprender a aquellos que han causado las heridas y en consecuencia el paciente siente ganas de perdonar; y el espiritual, cuando la persona ha sido herida tan profundamente que de hecho no puede perdonar por sí misma.
Al principio del proceso del perdón, la persona intenta imaginarse a sí misma durante un episodio doloroso del pasado y toma la decisión de abandonar su enfado hacia quien le causó el dolor. Al mismo tiempo se esfuerza por comprender los motivos de esa persona que le hirió. Este proceso normalmente comienza como un ejercicio intelectual o cognitivo, como una decisión de perdonar para superar el dolor, aunque emocionalmente no se tenga ninguna inclinación de perdonar. Con frecuencia, se gasta una cantidad considerable de tiempo y energías en este nivel del perdón antes de que el paciente sienta verdaderas ganas de perdonar.
A menudo, el ejercicio de perdonar se recomienda para las relaciones en las que la persona no tiene conocimiento consciente, o lo tiene muy limitadamente, de la presencia del enojo. Si la historia del paciente parece indicar que éste es el caso, se le pide que intente perdonar cada día a diferentes miembros de la familia o a amigos por las diferentes ocasiones a lo largo de su vida en que puedan no haber respondido a su necesidad de ser aceptado, amado, animado o abrazado.
Este ejercicio produce a menudo un alivio emocional inmediato. Sin embargo, algunos descubren que se pasan semanas, meses e incluso años pensando en ellos mismos como niños o adolescentes perdonando a otros por rechazos específicos.
Los ejercicios de perdón liberan a aquellos que sufren tentaciones homosexuales del sutil control que ejercen sobre ellos ciertas personas del pasado, les ayuda a olvidar las experiencias dolorosas, acelera la resolución de la tristeza y de la soledad, mejora la autoestima a medida que disminuye el enfado, reduce el sentimiento de culpabilidad, produce un alivio de la ansiedad cuando desaparece el enfado, mejora la capacidad para confiar, produce más compasión hacia los que causaron las heridas y contribuye a una mayor aceptación del pasado.
A medida que se comprende mejor a los que causaron el dolor, se desarrolla la percepción de que el comportamiento de muchas personas puede atribuirse a sus heridas emocionales, de que las personas que estaban cerca de uno lo han amado tanto como sus capacidades de amar se las permitieron y que muy raramente el dolor fue infligido deliberadamente.
Con todo, el resentimiento más fuerte y el que he visto más frecuentemente es el de aquellos que fueron víctimas del rechazo y del ridículo, a quienes se les convirtió en chivo expiatorio, usualmente por no ser buenos en los deportes. Las víctimas de tal ridículo a menudo reaccionan desarrollando un intenso enfado consigo mismas, así como violentas fantasías de venganza e, incluso, impulsos asesinos. Yo no he tratado nunca a nadie que llevara a la práctica este último tipo de furia; sin embargo, en la actual cultura de violencia, las inhibiciones ante el desahogo de impulsos hostiles han disminuido y algunos adolescentes llevan armas de fuego a la escuela e incluso han disparado a quienes les atormentaban.
Para quienes albergan impulsos violentos como resultado de haber sido chivos expiatorios, la resolución de su profundo resentimiento puede facilitarse mediante un proceso que empieza con la expresión física de su enfado en formas que no dañen a nadie, por ejemplo, dando puñetazos a un saco de boxeo, rompiendo objetos de poco valor o mediante ejercicios arduos y enérgicos (si no son dañinos para su salud). Esto debe seguirse inmediatamente de ejercicios de perdón intelectual y espiritual que ayuden a la persona a renunciar a sus deseos de venganza.
Muchos hombres que se sintieron emocionalmente abandonados por sus padres y que cayeron en la práctica homosexual inconscientemente buscando llenar ese vacío de amor paterno, tienen, al principio, una gran dificultad para perdonar a sus padres. Pero si llegan a comprender cómo fue la infancia que tuvieron sus padres y se dan cuenta de que sus modelos de conducta también fueron a menudo emocionalmente distantes, crece en ellos la capacidad de sentir compasión por sus padres. Uno puede entonces llegar a entender que su padre le amó tanto como pudo y empieza a sentir verdaderos deseos de perdonarle. Sin embargo, los que fueron abandonados por sus padres, normalmente empiezan a experimentar un alivio de su furia mediante ejercicios de perdón espiritual.
Algunos se dan cuenta de que el perdón les llevará a considerar la dolorosa realidad de las decepciones en muchas relaciones y no se atreven a perdonar hasta que se les asegura que habrá un amor que les sostendrá, les confortará y les aliviará del dolor que les produce el perdonar.
3. Curación de la herida producida por el rechazo por causa de la poca habilidad deportiva
En los niveles iniciales del tratamiento, los que tienen esta dolorosa herida a menudo sienten tanta furia hacia los que les rechazaron que se ven incapaces de perdonar. En un intento por resolver este enfado, Lou, víctima del ridículo por parte de sus hermanos y compañeros a causa de su poca habilidad deportiva tuvo un largo proceso de buscar el perdón. A medida que su enfado disminuyó, creció la comprensión de Lou hacia los que le habían atormentado, los cuales le tenían envidia por su superior inteligencia debido a que eran a su vez inseguros y provenían de familias con problemas. Ese entendimiento más tarde le permitió sentir compasión hacia ellos y luego le llevó también a querer intentar perdonarlos. Los hallazgos preliminares sobre el resentimiento de Lou fueron esenciales en las etapas iniciales de su recuperación. Luego necesitó curar las heridas producidas por el rechazo de sus compañeros, así como la soledad y la inseguridad masculina. La curación de Lou duró varios años.
En los últimos 20 años, he visto un gran número de hombres solteros y casados, que habían sido rechazados en su infancia y en su adolescencia, librarse de su dolor y de su conducta homosexual. En su camino hacia la curación, la mayoría experimentan períodos de fuerte desánimo, recaídas, intenso enfado e, incluso, desesperanza. Sin embargo, con la perseverancia se acaban por resolver las heridas emocionales y la homosexualidad.
4. Curación de la herida paterna, así como de la tristeza, la inseguridad y el miedo
La soledad y la falta de afirmación en la relación paterna es la segunda causa más común de la homosexualidad. Para estar psicológicamente sanos, los niños necesitan experimentar un chorro de amor y ánimo de sus padres. Cuando esto no ocurre, desarrollan una tristeza e inseguridad interior. Esto último ocurre porque los niños idealizan a los padres y si sus necesidades emocionales básicas no son satisfechas, entonces tienden a creer que algo anda mal con ellos mismos.
La herida de la inseguridad es particularmente dolorosa en los varones, porque no reciben la valoración necesaria por parte de la persona que debe constituir su modelo de conducta. La herida paterna es muy prevalente, particularmente hoy en día con el colapso de la familia.
La mayoría de los varones cuyos padres han sido emocionalemente distantes no experimentan inclinaciones homosexuales. Esto se debe a que su identidad masculina ha sido valorada mediante la aceptación de sus compañeros. Sin embargo, aún en esas condiciones, algunos hombres experimentan fuertes inclinaciones homosexuales en un intento inconsciente de llenar el vacío que ha dejado un padre iracundo, ausente o negativo.
Muchos hombres se involucran en una conducta homosexual altamente promiscua en un intento inconsciente frustrado de satisfacer el ansia de amor paterno que no experimentaron durante su infancia y adolescencia. En un esfuerzo por ayudar a estos hombres, algunos terapistas sugieren que el adulto intente curar al niño herido que hay dentro de ellos, amándole más. Pero este enfoque no produce un alivio emocional permanente porque el niño que hay dentro ansía el amor de un padre, no un amor propio, y el adulto en que se ha convertido no estaba presente en los momentos en que el niño deseaba ser aceptado y amado por su padre. La única respuesta es el perdón y el amor. Que perdonen esas huellas que sus padres dejaron en el pasado y respondan amando ellos sin la intervención de la sexualidad.
5. Curación de la herida materna, así como de la tristeza, la desconfianza y la inseguridad
Las heridas en la infancia y en la adolescencia provocadas por madres que eran poco afectuosas, distantes, enfadadas, insensibles, egoístas, controladoras, excesivamente dependientes, emocionalmente enfermas o adictas, llevan a la homosexualidad. Después de reconocer esas heridas y empezar el proceso del perdón, el siguiente paso es consolidar una nueva base para confiar en las mujeres, reforzar la autoconfianza y curar la homosexualidad.
6. Curación de los desórdenes adictivos
El alcohol, las drogas y las adicciones sexuales a menudo convergen en los que practican la homosexualidad.
Para aquellos que son verdaderamente adictos sexuales, los primeros pasos del tratamiento tratan de facilitar que acepten su adicción, que abandonen su impotencia para curarse por ellos mismos y que participen en un grupo de adicción sexual basado en los Doce Pasos, como por ejemplo el grupo Sexaholics Anonymous. También puede ayudar enormemente la participación semanal en grupos de recuperación para personas con problemas de homosexualidad, tales como Courage ("Coraje), Homosexual Anonymous o Harvest ("Cosecha").
Los que sienten demasiada vergüenza asistiendo a esos grupos pueden obtener los nombres de las personas que ya han avanzado en su recuperación y que pueden actuar de auspiciadores. De esta manera, si se ven ante una gran tentación, pueden acudir a estos auspiciadores en busca de apoyo y ánimo.
Aunque los grupos de adicción basados en los Doce Pasos ayudan bastante, en mi experiencia clínica he observado que el comportamiento adictivo no se controla del todo hasta que las heridas emocionales que hay en el fondo no se curan.
7. Curación del narcisismo o egoísmo
El narcisismo es un desorden muy poderoso que alimenta el comportamiento homosexual de mucha gente. Esta debilidad personal no se supera fácilmente porque se teme abandonar una vida de hedonismo (búsqueda del placer), caracterizada también por la irresponsabilidad y el descontrol. El narcisismo es el desorden clínico más directamente responsable del fracaso en la curación de la homosexualidad. Muchos comienzan una curación y acaban cayendo en una vida de placer superficial y hedonista.
Si los que padecen este desorden quieren recuperarse de verdad, necesitan comprometerse con un plan de vida bien disciplinado y terminar con las amistades que no son sanas.
8. Curación del excesivo sentido de responsabilidad
La conducta homosexual anónima de Jim se desarrolló como un intento de evadir las presiones y exigencias excesivas de su vida personal y profesional. Aprendió a no poner de primero en su vida el trabajo, e intentaba fortalecer una amorosa amistad con su esposa. El tomar estos pasos le quitó a Jim el agotamiento y el vacío interior que sentía, y le permitieron a él y a su esposa disfrutar juntos realmente de su vida de casados.
9. Curación de los traumas sexuales de la infancia
Los varones que se sienten confusos con respecto a su identidad sexual, como resultado de los maltratos sexuales sufridos en su infancia, usualmente albergan impulsos violentos inconscientes contra los que los maltrataron. Los recuerdos específicos de maltratos pueden atormentar mucho y crear mucha confusión; pero se debe procurar que curen esas memorias.
La confusión sobre la identidad disminuye a medida que el dolor emocional severo en torno al trauma experimentado también disminuye. La identidad masculina se fortalece al darse cuenta de dones masculinos que se poseen, identificándose con las cualidades positivas del padre de uno o de otros familiares varones.
Conclusión
Existe una necesidad urgente de examinar la verdad acerca de la homosexualidad, tanto desde el punto de vista moral como psicológico. Necesitamos ahora más que nunca tener la valentía de mirar la verdad cara a cara y de llamar las cosas por su nombre, sin dejarse llevar por la conveniencia o por la tentación del autoengaño.
Psicológicamente, las atracciones y los actos homosexuales vienen de heridas emocionales muy específicas y de conflictos en la infancia, la adolescencia y la vida adulta. Estas heridas no han sido plena y claramente identificadas en el pasado por los profesionales de la salud mental ni han sido curadas en la mayoría de los casos. Las razones de este fracaso son que el campo de la salud mental está aún en etapa de desarrollo y no ha entendido ni incorporado el perdón como remedio al enfado tan significativo en estas personas, para resolver la tristeza, la desconfianza, la baja autoestima y el comportamiento adictivo.
Fuentes: Richard P. Fitzgibbons, Médico Psiquiatra, "Los orígenes y curación de atracciones y comportamiento homosexuales," Digesto Familiar, publicada por el Instituto de Ciencias Familiares (CENAPLANF)
Vida Humana Internacional


sábado, 27 de diciembre de 2014

MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL SOBRE LA FAMILIA NICARAGUENSE

Carta Pastoral de la CEN a las Familias nicaragüenses
Fecha: 20 Dec 2014 | Categorias: Noticia, Mensaje
A los Sacerdotes, Diáconos, religiosos, a todos los católicos, a las familias nicaragüenses, a todo el pueblo de Dios y personas de buena voluntad:
Los Obispos de Nicaragua, como servidores de todos, ofrecemos estas reflexiones sobre la familia y su situación en la sociedad nicaragüense. Son muchas las dificultades pero albergamos con confianza en Dios un sentimiento de esperanza, amor y fe en cada familia de nuestro querido país


I. El Plan de Dios para el Matrimonio y la Familia
 
 
1. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). “Por eso, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn 2, 24). Dios creó al hombre y a la mujer el uno para el otro. Les dio dominio sobre toda la creación, les encargó cuidarla y hacerla fecunda, especialmente en la procreación de nuevos hijos de Dios (cf. Gn 1, 26-28).
 
2. San Juan Pablo II, en Familiaris consortio propone el designio divino sobre el amor de los esposos en estos términos: “El único lugar que hace posible esta donación total es el matrimonio, es decir, el pacto de amor conyugal o elección consciente y libre, con la que el hombre y la mujer aceptan la comunidad íntima de vida y amor, querida por Dios” (FC 11).
 
3. Matrimonio, del latín: “matris”, que significa “madre”, y “munio”, que significa “defensa”. Desde la antigüedad el matrimonio se percibe como una unión que ampara a la mujer y a su prole. Como un honor y no como una carga,
a la madre le ha correspondido el cuido y enseñanza de los hijos, principalmente durante los primeros años de su desarrollo. La maternidad es un privilegio que el Creador dio a la mujer. Es la más sublime de las facultades humanas y la más necesaria para el desarrollo de la familia.
 
4. El modelo excelso de familia es la Sagrada Familia de Nazaret. María es modelo de mujer, de madre y de esposa, un perfecto complemento a su esposo José, quienes por respeto y amor se sometieron a la voluntad de Dios y
mutuamente el uno al otro. María es modelo de entrega a Dios. Primero con su ‘Fiat’, su sí, aceptando la maternidad del Redentor, con su adhesión a los planes de Dios y las penurias que esto significó, especialmente al pié de la Cruz, aceptando la maternidad de todos nosotros pecadores y entregando a su Hijo para nuestra salvación. San José es modelo de padre y de esposo en obediencia  a Dios y entrega fiel a la Virgen María. Él sobrepuso a sus temores humanos la sumisión a los planes de Dios Padre, preservando la pureza de María y cumpliendo fervientemente su misión de custodio de la Sagrada Familia. Él fue  tutor y formador del joven Jesús con amorosa autoridad moral y espiritual. Jesús, aun siendo Dios, como hijo ejemplar, se sometió a sus padres, honrándolos y obedeciéndoles. Aprendió de ellos a orar, así como otras actividades y conocimientos que como ser humano también poseía en su
persona (cf. Lc 2,51).
 
5. La familia es fundamental también por su propia naturaleza. Es la célula base de toda sociedad y primera comunidad de vida y de amor, formadora de personas y educadora en la fe. Precede al estado y a cualquier otra forma de organización, haciendo a menudo mejor lo que tratan de hacer otras instituciones. La familia no debe delegar ni ceder al Estado sus derechos inalienables y sus responsabilidades. Al contrario, mediante procesos
democráticos de participación debe hacer que el Estado reconozca su autonomía, sus derechos y su valor como inigualable formadora de ciudadanos.
 
 
II. La Situación de la Familia en Nicaragua
 
 
6. En Nicaragua se reconoce el papel esencial de la familia; sin embargo, cada día son más los intentos de desestabilizarla, dividirla y destruirla. En un ambientede agresión que se está viviendo es necesario que los creyentes en Cristo animen y ofrezcan apoyo eficiente para prevenir y corregir el mal. Urge analizar cada situación y tener respuestas concretas para llevar a la familia a vientos frescos y suaves donde pueda fortalecerse y cumplir su misión de construir un ambiente que permita al individuo y al grupo familiar desarrollarse plenamente conforme el plan de Dios.
 
7. Existen fuerzas malignas que quieren desviar a la familia de sus nobles principios, promoviendo que cada quien haga lo que quiera, sin medir el daño que hacen a otras personas. Nuestros valores morales cristianos están siendo
atacados y denigrados. El relativismo es una dictadura que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y los deseos desordenados. Se cae en el hedonismo que solo busca el placer mundano y
vicioso. Esta actitud se propaga de una generación a otra, afectando la trasmisión de la fe y las prácticas piadosas en la familia. No permitamos que por un exceso de tolerancia se ponga en riesgo la salud de toda la sociedad. No hay
que tolerar el escándalo y la corrupción, mucho menos convertirlo en un derecho.
 
8. Una vez más denunciamos las fuerzas económicas y políticas detrás de la estrategia de algunos organismos internacionales para influir en las políticas públicas. Justifican su preocupación con una supuesta sobrepoblación, la contaminación ambiental, el agotamiento de los recursos naturales, pero las soluciones propuestas desestiman el más elemental de los principios: el respeto a la vida y la dignidad humana. Esto ha provocado un desajuste moral que afecta a individuos y a las instituciones. La actitud de la sociedad de consumo abarca no sólo desechar las cosas que no creemos útiles, sino también la eliminación de valores y personas. Esta mentalidad anti-vida que es cultura de muerte, destruye lo más hermoso que Dios ha creado, un ser humano hecho a imagen y semejanza de Él (cf. Gn 1,27). El descalabro de la humanidad es el querer suplantar a Dios y anular su plan para la familia, arrasar con su obra, incluso convertir en “derecho humano” el crimen horrendo del aborto y desnaturalizar los genuinos actos de amor y afecto entre las personas, pretendiendo suplantar la unión sagrada de la pareja con uniones y actos
impuros contranaturales. Todo lo contrario a la ley natural es reprochable y no puede aceptarse como bueno.
 
9. Especial cuidado debemos tener con la Ideología de Género, que es perversa, es una desviación de las leyes naturales que lleva a la persona a su degradación y perdición. Además, esta ideología promueve que las personas actúen de manera contraria a su naturaleza. Más aun, en contra de la propia consciencia y condición de ser espiritual; en contra de sus facultades intelectuales; en contra de los más básicos principios de moralidad y buenas costumbres. La ideología de género es un artificio de las fuerzas del mal que atenta contra la vida, la familia y la dignidad de la persona. Busca eliminar la transmisión de valores de padres a hijos y propicia la homosexualidad,
afirmando que no existe ninguna diferencia entre hombre y mujer. 
 
10. Por más que se quiera presentar como parte de su libertad, dos personas del mismo sexo no conforman un matrimonio. No pueden reproducirse. Sin embargo, a las personas con tendencias o manifestaciones homosexuales debemos acogerlas con respeto, compasión y delicadeza. Esta afección, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Debe evitarse, respecto a ellos, todo signo de discriminación. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición (cf. CIC 2358).
 
11. Para no pocos, especialmente entre jóvenes, el matrimonio ha dejado de ser una prioridad y consideran más importante su realización personal. Para otros, el matrimonio como vínculo para toda la vida, se ve más como una carga que como un ideal. Al encontrar dificultades, las personas con una débil formación les es más fácil cambiar de pareja que cambiar de actitud. Se hacen remiendos que prescinden de valores y compromisos y los más afectados
son las mujeres y los hijos. Muchos viven un drama por la separación, pero al final, después de la ruptura, reencuentran un espacio de aparente libertad y tranquilidad que les hace acomodarse a una nueva propuesta: “si no funciona el matrimonio, pues está el divorcio”. La fragmentación de la vida matrimonial y familiar es evidente.
 
12. Por otro lado encontramos el mercado de la anticoncepción y la industria del aborto y la pornografía; mientras más pronto se inicien en una vida sexualmente activa, más rentables serán –para ellos la promiscuidad es una estrategia de marketing– el blanco más vulnerable son los jóvenes, por la edad, los cambios hormonales y por la crisis que se está viviendo en la sociedad. Si en las familias católicas no se habla de estos hechos a nuestros hijos, el mundo lo hará a su manera.
 
13. La Iglesia siempre ha propuesto una actitud con reserva moral y espiritual, señalando el pecado y sus consecuencias, no a las personas. Todos somos hijos de Dios y Él es el único que nos puede juzgar. Todos tenemos una inherente dignidad, sin importar edad, sexo, situación económica, estado de salud, grado de formación o cualquier otro factor distintivo. Nuestra dignidad no depende de las circunstancias; sin embargo, al ser miembro de una comunidad, debemos respetar los derechos de las otras personas, pero nadie puede imponernos como derechos actos que van contra nuestra salud física, moral o espiritual.
 
III. La Luz de la Palabra
 
 
14. El pecado vino a ensuciar y complicar la situación del ser humano, pero Cristo vino a limpiar todas las consecuencias del pecado, vino a vencerlo con su Sacrificio y a vencer la muerte con su gloriosa Resurrección. San Juan Pablo II decía que la Vida Cristiana no consiste en no pecar, sino en “luchar por no caer en la tentación y si tenemos la desgracia de caer, levantarnos e iniciar de nuevo el Camino”. San Pablo entiende la Vida Cristiana como un combate, una competencia. Santo es aquel que cayendo y pecando, se levanta y regresa arrepentido al Padre, quien corre a nuestro encuentro a restituirnos la herencia para la cual Él nos creó (cf. Lc 15,11-32).
 
15. La certera solución son familias bien constituidas, informadas y formadas.pongamos a Dios en el lugar que le corresponde, así lo hizo el Padre Eterno, puso a su Hijo en el centro de la familia. La Sagrada Familia de Nazaret
constituyó la primera “Iglesia Doméstica”. Esa debe ser nuestra convicción y meta, constituir una familia a imagen de la familia de Nazaret, a imagen de la Iglesia Madre, en la que se lucha por vivir los valores de la unidad, la santidad y
la catolicidad. En la que cada miembro se sienta acogido, deseado, amado tal como es, con sus debilidades y fortalezas, donde el servicio afable es espontáneo, donde se vive día a día la experiencia del perdón, de la ompasión, del amor incondicional que todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, nunca pasará (cf. 1Co13,4-8).
 
16. Lograr esto no es fácil, pero según nuestra Fe, sí es posible. Como nos dice San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp 4,13). Poniendo a Dios Hijo como centro de nuestra familia y piedra angular de nuestro hogar,
nada ni nadie podrá “apartarnos del amor de Cristo” (Rm 8,35). Donde está Dios está María, su Santísima Madre, y está San José, su padre castísimo, ambos vírgenes por escogencia y por sumisión total a Dios. Ellos como intercesores privilegiados ante el Altísimo nos ayudarán a constituir familias fuertes y santas.
 
17. El Sacramento del Matrimonio es signo de la unión de Cristo con su Iglesia. Esto sigue siendo el plan de Dios. Esta certeza del triunfo final debe alentarnos a no tener dudas, a no temer al poder de las tinieblas. Cristo está con nosotros todos los días, hasta el final de los tiempos (cf. Mt 28,20). María Santísima también y ella nos ha dicho que, al final, su Inmaculado Corazón triunfará.
 
18. Habrá dificultades y tropiezos, pero Cristo nos dice, “Vengan a mí todos los que estén cansados y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11,28). “Tome su cruz y sígame” (Mt 16, 24). La presencia de la Cruz en nuestras vidas y familias es una oportunidad de configurarnos con Cristo. Es una gracia el poder ofrecer los inevitables padecimientos y dificultades cotidianas por nuestra propia conversión y la de nuestras familias y comunidades. Sólo seremos libres
y felices si con pleno control y conciencia tomamos decisiones que nos harán mejores personas, útiles y valiosos para nuestros seres queridos y para la sociedad.
 
19. Las circunstancias actuales nos reaniman y nos impulsan a seguir evangelizando a la familia como institución reconocida y apreciada, a pesar de los elementos que en su contra se van manifestando. En numerosas familias se
constata la presencia de valores humanos y cristianos que la hacen un baluarte de la sociedad y de la Iglesia. Se profesan católicas, no solo porque están bautizados y participan de otros sacramentos, sino por ser parte de una
tradición de fe que se manifiesta de muchas formas: en el respeto a la vida, la valoración de los lazos familiares, el cuidado de los adultos mayores, el reconocimiento de la unión y fidelidad conyugal como lo más deseable para la
estabilidad familiar. Aún en medio de los conflictos, hay un razonable esfuerzo para vivir el sentido pleno de familia, construyendo una red básica de protección para las personas, especialmente aquellas en situaciones de riesgo.
 
20. Celebramos la esperanza que siembran las diversas organizaciones civiles que aportan su experiencia profesional para la formación y defensa del matrimonio, la familia y la vida en campos específicos. Los movimientos y
asociaciones católicas que en unidad y comunión se adhieren en la participación de la vida de la Iglesia, así como algunos medios de comunicación como agentes eficaces para difundir el plan de Dios en la comunidad.
 
 
IV. La Familia y la Misión Pastoral
 
 
21. “Dado que la familia es el valor más querido por nuestros pueblos, creemos que debe asumirse la preocupación por ella como uno de los ejes  transversales de toda la acción evangelizadora de la Iglesia. En toda diócesis se requiere una pastoral familiar «intensa y vigorosa» para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida, y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados” (Aparecida, 435). La familia enfrenta enormes desafíos que influyen directamente en su existencia y estabilidad, pero que al mismo tiempo le proporciona la oportunidad de ser la primera protagonista de un proceso de cambio. No está indefensa. Es necesario, por tanto, proponer la elaboración de políticas familiares que respeten sus derechos y su autonomía, basado en un cuidadoso análisis político, social y económico de la vida familiar.
 
22. Los avances científicos y tecnológicos han supuesto cambios muy rápidos y muchos padres de familia no han podido adaptarse y se encuentran confundidos. Sus creencias, valores y formación no son siempre propicios para
educar a la generación actual y se preguntan cómo atender las demandas de sus hijos que están fuera de los esquemas de sus propias experiencias y vivencias. Es necesario actualizar algunas de las formas y los contenidos de algunos procesos educativos: la cultura, la educación, la salud y otros. Las directrices no pueden considerarse solamente desde un punto de vista económico, sino que deben tender al desarrollo integral de la persona, de la familia y de la sociedad. Es particularmente indispensable reorientar y aprovechar el uso de la tecnología para la propagación del Reino de Dios. Los protagonistas deben ser personas éticas con claros valores morales que garanticen el respeto de la dignidad de las personas, en el marco de un humanismo que nos permita repensar el verdadero y correcto rumbo y sentido de la vida.
 
23. En el mundo globalizado de hoy la influencia de los medios y las modas, con infinidad de información y desinformación, afecta especialmente a los jóvenes. Las opciones y propuestas son innumerables y pueden abrumarnos y confundirnos. Se nos presentan como deseables cosas que no lo son y nos seducen a probar propuestas de libertad que, lejos de ser real, son un torbellino de espejismos que nos van haciendo cada día más dependientes de ellas. Valoran las cosas materiales sobre las humanas y espirituales. Con cada paso que se da en esa dirección se va perdiendo la verdadera libertad. Así muchos van cayendo en la ilusión de una sexualidad desquiciada, consumo de drogas, alcoholismo, glotonería, ansias de poder y fama, lucro y dinero a como sea. En lugar de obtener la libertad y felicidad que tanto desean, van destruyendo su propia vida, la de sus seres queridos y las de muchas personas inocentes. Orientamos a los medios de comunicación católicos e invitamos a los no católicos para que hagan labor de formación con valores morales cristianos. 
 
24. San Juan Pablo II afirmó que la familia es una realidad viviente llamada a desarrollarse y crecer. Es esencial que todos nos comprometamos a fortalecer la Pastoral Familiar y acompañar a la familia en todas las fases de su desarrollo. A las familias católicas, a las familias en general y, en particular, a aquellas que se encuentran en situaciones difíciles o irregulares, tales como los separados y vueltos a casar, los que conviven sin el sacramento del
matrimonio, las familias monoparentales, los que viven en extrema pobreza, los huérfanos, ancianos, enfermos o cualquier otra situación de marginación.
 
25. Nos causa alegría la integración de grupos de jóvenes de ambos sexos que se comprometen a guardar su castidad hasta el matrimonio. También propagan su carisma a aquellos que han tenido el infortunio de perder su virginidad, animándolos a comenzar de nuevo retomando un compromiso de castidad. Similar metodología puede usarse para promover la fidelidad en el matrimonio y suscitar otras virtudes que forjan el espíritu. 
 
26. La parroquia debe ser la base de atención a la familia aunando esfuerzos con las otras comisiones de pastoral y con grupos de defensa, promoción, asistencia y formación de la familia para realizar un trabajo orgánico, integral y de conjunto. Vivir en la evangelización una experiencia de compromiso y comunión eclesial. Visitar casa por casa promoviendo la consagración de los hogares a la Sagrada Familia de Nazaret, la devoción a los Corazones de Jesús y María, la meditación del Santo Rosario y otros medios de santificación. Participar con devoción en las manifestaciones de religiosidad popular, como herramienta de expresión pública de la fe. San Juan Pablo II afirmaba que la religiosidad popular “… cuando es genuina, tiene como fuente la fe y, por lo tanto, tiene que ser apreciada y favorecida”.
 
27. Se debe aumentar el número y membrecía de los grupos de apostolado. Se tiene las condiciones para llevarlo a cabo y debe hacerse a lo inmediato en todas las instancias pastorales: En la Provincia Eclesiástica, las diócesis, las
parroquias, instituciones, movimientos, colegios, organismos, asociaciones, pequeñas comunidades, grupos de oración y apostolado, cada hogar como pequeña iglesia doméstica, hasta cada individuo que, con sus testimonios de fe, esperanza y amor, animan a otros a seguir los pasos de Cristo: Camino, Verdad y Vida.
 
28. Es un deber evangelizar a la familia, atendiendo a todos sus miembros. Urgimos reforzar las consejerías matrimoniales, familiares, juveniles y de la niñez, para consolidar los valores cristianos como base y fundamento de la unidad familiar, logrando formar mejores ciudadanos que construyan una sociedad justa basada en el amor de Cristo por su Iglesia, hasta dar su vida porella (cf. Ef 5,25). Animamos a todas las entidades religiosas, sociales y de
servicio humanitario a unirse en este esfuerzo por fortalecer, defender y capacitar a las familias para ayudarlas a ser lo que Dios quiere que sean,  promoviendo lo que necesitan para cumplir su misión y evitando lo que pueda perturbarlas o hacerlas sufrir. Les invitamos a aceptar y asumir el proyecto de Dios, a madurar en la fe y a experimentar la alegría de transmitir esa fe como discípulos misioneros de Cristo. Reafirmamos como pastores nuestro compromiso permanente con las familias. ¡Basta ya! a toda acción o situación que dañe a las familias.
 
29. Debemos enseñar la Tradición, la Doctrina y el Magisterio de la Iglesia claramente. Presentar la norma y pensar de la Iglesia de manera concreta, directa y sencilla, proclamando a Cristo como un camino de luz y gozo de la persona de fe. Como proclamadores de la Palabra de Cristo exhortamos a todos a consagrar nuestra vida a Dios en el Bautismo, en la Confirmación, en el Matrimonio y en la Vida Consagrada, a fortalecer la Gracia en nosotros con la
Confesión, la Eucaristía y la Unción de los Enfermos. El Espíritu Santo nos ofrece sus Dones para que adquiramos gusto por las cosas de Dios y demos muchos frutos de santidad. Así logremos fortaleza en medio de nuestras fragilidades, paz en medio de la tormenta.
 
30. Siempre ha sido y seguirá siendo norma en la Iglesia Católica acoger al pecador. Cristo claramente nos exige esto. Él ha venido a salvar lo que estaba perdido y eso nos incluye a todos, pero Él tiene especial predilección por los
marginados. Como Conferencia Episcopal y obispos de cada diócesis, nuestro compromiso pastoral nos impulsa a ir al encuentro de todos los matrimonios y familias en sus más variadas circunstancias. Con toda la Iglesia, queremos mostrarles el rostro misericordioso de Dios, manifestado en Cristo Jesús, y compartir su dolor, en la fe, la esperanza y el amor. Admiramos la grandeza de la vocación y la misión que han recibido de Dios.
 
31. Invocamos la bendición y protección de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José, para cada familia y cada persona de nuestra querida Nicaragua. Asimismo pedimos nos apoyen con sus oraciones para que el Espíritu Santo nos conceda el discernimiento para que juntos podamos resolver los retos y dificultades que enfrentamos, así como la fortaleza para cumplir con nuestra misión de Pastores de Almas.
 
 
Juigalpa, Chontales, 20 de diciembre 2014
Clausura del Año de la Familia 2014
 
 
Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.